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12.3.15

Ley Antipiquetes - PARTE III

La tercera parte sobre el proyecto de ley pone en evidencia la necesidad de esta medida. Un ejemplo magnífico son los paros nacionales organizados por Hugo Moyano y también los piquetes propiciados por agrupaciones de izquierda. Los incidentes son una marca registrada. Parece ser que la importancia reside más en la forma de protestar que en el mensaje.

En la segunda parte terminé hablando de Hugo Moyano. Hablemos de él. ¿Qué piensa usted cuando le dicen Hugo Moyano? Hugo Moparo es lo que yo pienso. Es inconcebible una persona que no relacione el nombre con la parálisis, el “otra vez sopa”, el “no sé cómo mierda voy a hacer para llegar al laburo”, “¡la puta madre que te parió!”. Inclusive hasta cuando sos partidario de las ideas de este hombre, se dicen o piensan las mismas frases. El hombre no le escapa ni al avance de la tecnología o las redes sociales y los nuevos “memes”, haciendo cómicas ciertas situaciones o agregando frases. Siempre hay uno de él donde lo cargan por los paros. Algo parecido al caso de Elisa Carrió, cuyas fotos terminan siendo más populares porque se convierten en memes. Hugo Moyano pasó a la historia –hace rato- como “El Hombre Parálisis”.

En los últimos tres años, la CGT opositora a cargo de Moyano organizó tres grandes movilizaciones sindicales con similares reclamos: impuesto a las ganancias, transparencia en los índices de inflación, nuevas condiciones de paritarias, caída del empleo, entre otros. La primera sucedió el 20 de noviembre de 2012, la segunda el 10 de abril de 2014 y la tercera el 28 de agosto del mismo año. La diferencia entre la primera y las dos últimas, es que éstas fueron las que mayor adhesión tuvieron, incrementando la parálisis del sistema. También se registraron múltiples heridos.

Según sus organizadores -Moyano, Barrionuevo y Micheli-, la adherencia de la gente el 10 de abril fue del 95%. A esto hay que sumarle que en repudio al paro, la izquierda reaccionó con varios piquetes. Los tres dirigentes declararon que en el paro quedaron de manifiesto la “bronca y desencanto de la gente”. Moyano preguntó: “¿De qué paro me están hablando? Esta es la expresión de la gente, pidiendo al gobierno que escuche sus reclamos”. Por parte del gobierno interpretaron una huelga política, desestabilizadora. Por supuesto, en internet, las redes sociales estaban en llamas con tweets en contra de ¡Three Amigos! Todo el mundo “normal” (como nos solemos llamar) los puteó de arriba a abajo. Así que si, la gente mostró su descontento, pero para con Moyano.

Ese día se cortó el servicio de trenes, subtes, colectivos, vuelos y recolección de basuras. También cerró Tribunales, la Administración Pública y no se pudo cargar nafta. Las entidades bancarias funcionaron parcialmente, lo que por supuesto complicó las cosas de todas maneras. La izquierda militante decidió diferenciarse de los sindicatos y cortó varios puntos de la Capital y Provincia, como así también de Córdoba, Santa Fe y Mendoza. La mañana del 10 de abril comenzó con un piquete de militantes de Polo Obrero y MST, en el kilómetro 35 de la autovía, en Autopista Panamericana. A los pocos minutos de comenzada la protesta, jóvenes manifestante agredieron con piedras a gendarmería que intentaba, formando una barrera humana, correrlos de la autopista y permitir que la gente circule. La represión llovió con balas de goma. En el escándalo, seis oficiales resultaron lesionados (uno de ellos fue agredido con un matafuego y debió ser trasladado en ambulancia al hospital).

Ahora, dejemos algo en claro: el que piense que puede cortar en hora pico una calle/autopista como lo es Panamericana, está loco de remate. Además, no solamente en Argentina la policía va a actuar si es agredida. Se entrevé un haz de luz anárquico e individualista en el comportamiento social argentino. El puente Pueyrredón estuvo cortado hasta pasadas las 13, también se cortaron las intersecciones entre las calles Corrientes y Callao, y Córdoba y Junín; el puente La Noria, Autopista Illia y el acceso Oeste. ¿Hace falta decir que la ciudad fue un caos ese día? ¿Necesitamos o merecemos esto? No llevemos al extremo la manifestación, el piquete. Las cosas malas, son malas por algo.

Para agosto de 2014 estaba preparado otro paro nacional por Moyano, Micheli y Barrionuevo. Justo cuando, como ya dije, se retomaba el debate sobre el proyecto de ley antipiquetes en la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara baja. El 28 de agosto se frenó el servicio de aviones, trenes, bancos, camiones de basuras, estaciones de servicios, bares y de los puertos. Los servicios parcialmente afectados fueron el subte, las escuelas, Tribunales y los hospitales (sólo frenaron los manejados por ATE). Los estacionamientos, taxis y colectivos (UTA) funcionaron normalmente. Al igual que la marcha anterior, se reclamó por la caída del empleo, el impuesto a las ganancias, la inflación, un aumento a los jubilados y la reapertura de paritarias, entre otros temas también planteados. La izquierda hizo lo mismo que en abril: cortaron otra vez Autopista Panamericana, en el kilómetro 35 de la autovía, con empleados de la empresa Donnelley. Junto a ellos se mostraron los dirigentes de Kraft, Lear, PepsiCo, FATE y los diputados Nicolás del Caño y Christian Castillo (PTS).

A diferencia de la última vez, los manifestantes llegaron a un acuerdo con Gendarmería y liberaron tres carriles, pudiéndose quedar en una parte de la autopista.  Los diputados luego se dirigieron hacia el puente Pueyrredón, junto a dirigentes de Coca Cola y ex empleados de Shell, Calsa y Honda. Ahí los forcejeos entre los piqueteros y oficiales de prefectura no se hicieron esperar al estar aquellos obstruyendo las vías de acceso a la ciudad por completo. Sin embargo, sí se repitieron los cortes en el puente Alsina, puente Saavedra, Plaza de Mayo y la intersección de Corrientes y Callao, donde también hubo forcejeos con oficiales. El diputado nacional por el Frente de Izquierda, Néstor Pitrola, declaró en aquel entonces que había piquetes “en Pavón y Mitre” y que había “un enorme despliegue policial". "Los piquetes están en las avenidas de acceso”. Además justificó la medida asegurando que “toda la vida los paros han tenido piquetes”.

Hermosa visión de Pitrola. Un ejemplo a seguir. La ciudad en llamas por la parálisis y usted fomentándola. Es como si dijera: “y con esto va a quedar todo perfecto”. Lo gracioso de todo esto es que el mismo día, el ministro de trabajo Carlos Tomada, salió a contestar diciendo que el reclamo “no tiene prioridad para el gobierno”. Y por otro lado, el diputado nacional por el FPV, Edgardo Depetri, declaró que eran los mismos sindicalistas “que promueven los saqueos en diciembre”.

Ley Antipiquetes - PARTE II

En la segunda parte sobre el proyecto antipiquetes, explico cómo el gobierno busca aprobarlo. Pedrini declara que está abierto a discutir sobre el tema y Diana Conti presenta un proyecto alternativo. Para agosto de 2014 ya había más de 10 proyectos presentados entre oficialismo y oposición, y un paro nacional para el 28 de ese mes, organizado por Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y Pablo Micheli. Hechos que duelen. La parálisis ocasionada terminó en descontrol.


Con la oposición encima y el núcleo del oficialismo cuestionando el proyecto, los diputados Juan Manuel Pedrini y Carlos Kunkel aceptaron modificaciones al proyecto. "Estamos dispuestos a discutir absolutamente todo”, dijeron en las a.m. nacionales. Pero la presión fue tal que Diana Conti presentó un proyecto de ley antipiquetes alternativo. Es imposible negar que los reclamos sociales incrementan. ¿Se podría decir que, gracias a dios, tenemos una sociedad que reclama y mucho? Por supuesto (aunque cuanto más mejor). Pero lo hace de manera incorrecta. A diferencia del proyecto presentado por Pedrini, la alternativa de Conti no presentó diferencias entre manifestaciones “legítimas e ilegítimas”. En vez de un intermediario propiciado por el Ministerio de Seguridad, la diputada propuso en su proyecto crear una comisión para intervenir en conflictos que afecten a terceros, cuya solución “competa al Estado Nacional o pueda ser facilitada por él”, y como autoridad de aplicación al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. Tampoco es necesario el aviso previo de dos días. ¿Compartir el costo político de restringir la huelga? Puede ser, el consenso se busca, sea por eso o no. Algo es algo. También puede interpretarse la pérdida de la calle del gobierno y su respuesta ante ello.

Las aguas se calmaron hasta agosto, cuando la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara baja retomó el tema de los reclamos. Para ese entonces ya eran más de 10 los proyectos antipiquetes presentados entre oficialismo y oposición, pero las críticas y el repudio hacia la medida continuaron. O sea que todos criticaban el proyecto del otro.

Desde el propio kirchnerismo, uno de los que salió al cruce fue el Secretario de Seguridad, Sergio Berni, quien calificó la medida de “ridícula”. Sostuvo que “el espíritu de una ruta es que los ciudadanos puedan circular y no protestar”. Y “no queremos que se generen más leyes que jodan a los argentinos”. Las palabras de Berni son correctas. Realmente lo son. De hecho, Argentina tiene muchas, demasiadas leyes. Tampoco hay diferencia entre manifestarse o protestar en la calle y hacerlo en un predio organizado (supongamos por un segundo que se organiza un predio cercano a Plaza de Mayo o Casa Rosada). Aunque pensándolo bien, sí hay diferencia. Cuando se realizan piquetes o manifestaciones en la calle, no son normales. ¿Alguien piensa que lo son?

Sin embargo, lo que realmente turbó las aguas en agosto de 2014 fueron dos marchas: una el 24, por parte del sector de izquierda en conjunto y con la presencia del diputado Pitrola, y otra el 28 organizada por el líder de la CGT opositora, Hugo Moyano, Luis Barrionuevo (líder y creador de la CGT Azul y Blanca) y Pablo Micheli (Secretario General CTA). En la primera, jóvenes militantes de izquierda junto con agrupaciones de derechos humanos marcharon hacia Plaza de Mayo con la consigna de frenar la represión al derecho de huelga. Además, en la plaza expusieron una gran bandera con la leyenda “Basta de represión. No a la criminalización de la protesta”. En la segunda, de exclusivo carácter gremialista, la consigna principal no fue el repudio al proyecto de ley antipiquetes sino, el impuesto a las ganancias, la inseguridad, aumento de sueldo, entre otros. Pero lo que la trae al caso es que fue un “paro”. Inmovilizó todo. Capital Federal fue un caos. Ese día no hubo servicio de trenes, no abrieron los bancos, no se realizaron vuelos, no se recolectó la basura, no se pudo recargar nafta, cerraron los puertos y tampoco abrieron los bares. ¡Pero ojo!, los subtes anduvieron un rato, estuvieron parcialmente afectados. Las escuelas también estuvieron parcialmente afectadas, como así también la salud: los hospitales manejados por ATE frenaron. Como frutilla del postre, la izquierda se movilizó en repudio al paro “sin movilización” convocado por Moyano y Cía. La movida de Moyano no tuvo como eje lo mismo que la marcha sucedida cuatro días antes, exclusivamente de la izquierda, pero resultó en una parálisis monstruosa del país, igual que otra organizada por el sindicalista el 10 de abril de 2014, contrarrestando totalmente el tema de debate actual de aquél entonces: ley antipiquetes.